CARDO BORRIQUERO

Los caminos certeros son mentira. De la ruta a la rutina no hay más que dos pasos y dos letras.

lunes 17 de octubre de 2011

Fiel a mi intento de aunar psicología y poesía, publico este relato: Desarrollo evolutivo del libro

Los libros atraviesan, igual que las personas, fases diferentes.

Su gestación no siempre dura nueve meses, sin embargo, provoca náuseas mañaneras, induce antojos algo descabellados y aísla a quien lo lleva en sus entrañas. El peso con que carga a quien lo escribe, inflama ciertas partes de su cuerpo.

Recién nacidos, tumbados en la sección de novedades, nos seducen con su brillo reluciente y su faja bien planchada. Su olor a papel aún no leído nos permite augurarles un futuro repleto de posibilidades: triunfos, citas y hasta premios. Incluso puede que vayan a la universidad.

Más tarde, cuando ya echaron a andar, con los hombros encogidos por la presión de sus vecinos de balda, nos muestran, en pie, sus lomos marcados por las manchas de café y los golpes en la mesa. En esta edad madura no tienen más remedio que cargarse de paciencia y esperar el impulso de su dueño —si es que alguna vez fueron comprados y tuvieron la fortuna de ver la luz del día— de plantar las huellas en sus hojas. Que el lápiz subraye su interior o realice anotaciones será la única caricia que reciban en esta larga etapa de sus vidas.

Ya entrados en años, abandonan la postura vertical y aquí, también como humanos, con la piel gastada y amarilla, se recuestan. No en espacios solemnes o lujosos, como mausoleos o panteones; en cajas de cartón o de madera pueden encontrarse en maleteros, sótanos, desvanes: territorios fríos y poco visitados —acaso lo domingos—, de iluminación escasa y sin lugares expresamente habilitados para hacer de la lectura algo agradable.

Algunos, los menos, aquellos a los que más favoreció la suerte y lograron esquivar las dentelladas del tiempo, alcanzan una segunda juventud. Librerías de viejo o la feria del libro antiguo y de ocasión, suelen ser sus residencias más habituales.

E igual que nosotros, ilusos, los libros también aspiran a alcanzar la eternidad.

4 comentarios:

La Solateras dijo...

Deja un regusto triste esta vida de los libros.

Un abrazo

luismi dijo...

Sí, la verdad es que no es muy halagüeño el futuro de los libros, si lo miramos desde este punto de vista. Aunque seguro que habrá otros.

Un beso

Nines Díaz dijo...

Querido Luismi, apoyo y admiro tu personal intento de aunar poesía y psicología. Por fortuna para todos los que te leemos y admiramos ese intento ya se ha convertido en un estilo propio, una mirada que llena de vida todo lo que recoge.

Genial esta analogía con los libros físicos ya en peligro de extinción.

Un fuerte abrazo.

luismi dijo...

Muchas gracias, Nines.
Me alegra que te haya llegado el relatillo.
Un beso fuerte.