domingo 18 de diciembre de 2011
Cosas que pedir a un olmo
Una siesta a su sombra en el verano;
oquedades donde asentar los nidos;
sostén firme para nuestro columpio;
un refugio al jugar al escondite;
un lienzo donde hincar el estilete
que dé fe del amor cuando haya muerto;
ser musa, aun hendido por el rayo,
con el tronco quebrado y carcomido;
una lluvia de hojas en otoño;
resguardo para un beso en plena tarde
de los ojos que hurgan con envidia;
alguien a quien poder dar un abrazo
y que no exija a cuenta casi nada:
sólo pasar por alto las hormigas.
Todas sus posesiones las entrega,
no ambiciona guardarlas para él mismo:
¿Entonces qué nos pasa,
eternos disconformes con la vida,
exigiendo de más al que no tiene,
que viendo rebosantes las alforjas
seguimos obcecados con la peras?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
6 comentarios:
Querido Luismi:
Cuánta razón tienes...
La madurez quizá consiste en parte en eso: en no pedir a la vida lo que no nos puede dar la vida...
Fascinante y original el poema, como siempre.
Un abrazo de los grandes.
Eternos disconformes con la vida, eso nos sucede a todos, que pedimos aquello que no está en la naturaleza del otro, y así nos va.
Como siempre compañero, buen poema.
besos
María
Yo, como soy muy mayor, ya no le pido peras a ningún olmo; trato de aprovechar todas las cosas buenas que nos da cada árbol. Incluso cada cardo borriquero.
Buenísimo poema, Luismi.
Un beso
Me rindo ante tu capacidad para describir poeticamente todas las funciones posibles de los temas que eliges en tus poemas, Luismi.
Otro gran poema para tu colección.
Un beso.
Muchas gracias por vuestras palabras. Lo cieto es que los olmos son generosos, pero nuestra ambición desmedida puede hacerlos parecer tacaños.
Un beso fuerte
Publicar un comentario en la entrada