CARDO BORRIQUERO

Los caminos certeros son mentira. De la ruta a la rutina no hay más que dos pasos y dos letras.

lunes 27 de febrero de 2012

Despegue


a Nines Díaz.

Si alguien inventara
algún modo preciso
de hacer el desescombro de estos versos.

Si consiguiera hundir una palanca en estas letras,
sacarlas de esta hoja; o despegarlas
igual que un adhesivo
del folio en que dormitan.

Y se pudiera ver lo que hay debajo.

Si existiera la espátula
que lograra arrancar
como el papel pintado
estas estrofas mal escritas


hallarían, lectores, el contorno
de una silueta humana hecha con tiza
tirada sobre el suelo del poema.

miércoles 15 de febrero de 2012

Pos eso


De niño poseía
tiempo de sobra por delante
y dos tobillos nuevos.

De chico poseía
el valor que confiere la ignorancia
y tener poco que perder.

Pero ahora
que el tiempo por delante
seguro que es menor que el que hay detrás,
y los tobillos se han gastado,
y la ignorancia ha decrecido unas pulgadas,
y tengo más que mucho que perder,

la e cambia de sitio
igual que yo he cambiado.

Poesía es lo que poseo,
única posesión
que trae de serie el antirrobo:
se lleva siempre encima,
se oculta fácilmente
y es poco valorada.

miércoles 8 de febrero de 2012

Plan de urbanismo de Nueva Ciudad Rodrigo


Si yo fuera ciudad, seguramente
sería pequeña, dormitorio,
depósito de sueños de alguna ciudad grande
—me ubicaría en sus afueras—
sin tiempo de soñar.

No habría aglomeraciones de turistas:
prefieren frecuentar lugares
con menos filo en sus esquinas,
sin tanto barro en sus palabras.


Sería mi objetivo prioritario
que el índice de contaminación
de la soberbia y el desprecio
estuviera a niveles respirables.


Tendría una plaza únicamente,
no muy engalanada,
con solo una escultura
sin pedestal ni nombre
en homenaje a todos los vencidos.

Tendría paseos y vías,
caminos, travesías y pasajes.
Y ni una sola calle
para que no callara nadie en mis dominios;
en todo caso hables, cantes o te expreses:
que no cunda el silencio en mis aceras.
Y sus barriadas de extrarradio
—la de la uña y de la oreja—
serían tan importantes como el centro:
rascarse y escuchar
no son acciones desechables.

En la avenida de la aorta
pondría tres carriles por sentido
para que circule bien la vida,
sin atascos,
en ambas direcciones.

Si yo fuera ciudad también tendría
un par de lúgubres tugurios
para que pueda emborracharse la memoria
los días de avalancha de recuerdos,
y las contradicciones
se puedan golpear sin riesgo alguno.

Sería una ciudad con arbolado frondoso
y ramas vigorosas que soporten
el peso de los niños cuando suban

a todos los poemas

escritos en sus hojas.

jueves 2 de febrero de 2012

Afonía


Mi poesía, aunque no sea moderna, es el último grito
desvencijado, roto,
cuerda vocal desafinada,
estridencia salvaje,
desentonado aullido,
vociferante letra.

Infame invocación es mi escritura,
ronco intento,
chillido que chirría,
tinta desgañitada,
afónica, quebrada, enmudecida.

Definitivo estertor son estos versos,
alarido final
de un hombre que se sabe sentenciado
a ser pasto del olvido.

viernes 27 de enero de 2012

¿Recordáis Descripción del héroe? Este poema es su continuación.Descripción de los poderes de un superhéroe.

Los superhéroes vuelan
cuando huele a quemado en la cocina,
o se les ha hecho tarde
para llegar a por los niños
a la salida del colegio.

La capa de los superhéroes
tiene el color de la derrota
y está compuesta de epidermis
muy bien endurecida
por los golpes del tiempo,
las zancadillas de la suerte
y el insulto emergido de un pasado
que no termina nunca de pasar.

La máscara de todo superhéroe
es su mirada pétrea
de tanto no ver nada
a plena luz del día.

Su antifaz son las ojeras rebosantes
de años de mal dormir
y un litro en cada ojo de disgustos.

El traje de todo superhéroe
es un intento de sonrisa
que no nos llega a convencer
y un chaleco hecho a prueba de nostalgia.

No necesita magia el superhéroe
para hacerse invisible:
es inherente a su condición.

Lo cómico y terrible de esta historia
es que los superhéroes de verdad
no salen en los comic:

sobreviven a dos metros de nosotros
en su guarida llena de tristeza,
esperando, pacientes,
por si nos tienen que prestar una cebolla,
un poco de sal o dos caricias
el día que nos sean necesarias.